El fragante aroma de Cristo
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Si usted es un hombre o una mujer que confía en Dios, de los que saben escoger la mejor parte, su heredad es Dios. El Santo es su herencia. Usted es el servidor que será ungido con el aceite fresco de la unción divina, y quedará impregnado de la cabeza a los pies con el perfume incomparable de la unción. En la lectura de estas reflexiones hallará un corazón parecido al suyo en deseo y santa ambición, ambas a la luz de la bendita Palabra de Dios.
Durante una reunión familiar, una mujer le ofreció a Jesús su perfume de nardo puro, de mucho valor; era todo lo que tenía. Esa entrega perfumó todo el ambiente en derredor, y permaneció por muchos días.
Como resultado de esa acción, la dama conoció a Jesús más íntimamente que ninguno de los que estaban allí; su testimonio trascendió miles de generaciones y hoy por todo el mundo se habla de ella.
La razón es que el perfume que exhala el cristiano en adoración, llena el trono de Dios; esa es la grata fragancia de Cristo. Inconfundible, inigualable, distinguida, no hay ninguna como esa, es una fragancia única.
Hoy Dios quiere derramarlo sobre ti. No deberías conformarte con menos, Dios tiene más. Busca su ungüento santo y descubre los efectos de estar en intimidad con Dios. Recibe de la frescura de su presencia y luego cambia la atmósfera del lugar donde vives.
Es su fluir.
Es su presencia.
Es su ungüento. Es El.
